Se muere un concejal de Izquierda
Unida -ateo de nacimiento- y va al cielo (cosa utópica para un ateo
confeso).
Al llegar allí, se encuentra con San
Pedro, que lo espera en la puerta de entrada al cielo.
Alucinando por estar en el paraíso, el
concejal de Izquierda Unida, mira a su alrededor muy curioso y viendo
que las nubes estaban llenas de relojes de pared, le preguntó a San Pedro:
