En pleno invierno, una
señora que está medio dormida en su cama, escucha llegar a su marido del
trabajo.
Mira el reloj y ve, que
son las 11:50 de la noche. Entonces, siente como él se acerca despacio, se
quita toda la ropa, la destapa cuidadosamente, la acaricia suavemente, (casi de
manera furtiva), como recorriendo suavemente la periferia de todo su cuerpo.
Ella, siente cómo su
cuerpo, reacciona inmediatamente a las caricias que él le proporciona. Se le
erizan todos los vellos del cuerpo, se le endurecen los pezones y se le
humedece todo su aparato genital.
El marido, toma sus
manos y las recoge con cuidado, mete una de sus manos por su espalda, y llega
atrevidamente hasta sus zonas más íntimas, donde palpa con suma delicadeza.
En ese momento, la señora ya está que arde, jadeante y deseosa de que su marido
pase a la siguiente fase. Entonces, sus piernas son bruscamente separadas. La
mujer, siente que la pasión perdida durante meses ha regresado por fin a su
marido. Le encanta, sentir cómo su hombre, apoya sobre ella todo su peso agarrándola
fuerte y palpando su cuerpo enteramente. La enerva y excita, sentir en su nuca
el cálido aliento de su marido. Ella se prepara para lo mejor, levanta las
caderas ofreciéndose, separa y flexiona sus piernas, se dispone a ser tomada,
cuando de pronto, su marido suelta bruscamente sus piernas, gira sobre sí mismo
y se acomoda boca arriba en su lado de la cama.
La mujer, asombrada y respirando hondamente pregunta:
Él responde:
- Ya cielo.
- ¿Ya? ¿Ya qué, grandísimo cabrón?
- ¿Ya? ¿Ya qué, grandísimo cabrón?
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