martes, 19 de noviembre de 2013

El matrimonio y la autoridad masculina

Tres amigos de la infancia, están bebiendo y charlando en un bar, sobre sus respectivas esposas. Uno de ellos enojado dice:
- Anoche le dije a mi mujer, que quien manda en la casa, soy yo.
¿Y lo aceptó? Peguntaron sus dos amigos.


- ¡Para nada! Ella no estuvo de acuerdo y se enfureció muchísimo, así que nos sentamos para hablar en el sofá, y decidimos, tomar todas las decisiones domésticas entre los dos.
El segundo, después de escuchar atentamente a su amigo, dice:
- Pues yo anoche le dije a mi mujer, que en nuestra casa, yo soy quien manda, y que no había más que hablar.
¡¡¡No nos digas que lo acepto!!!


- ¡Que va! Ella no estuvo de acuerdo en ningún momento. Se mostró muy disconforme, empezó a gritarme como una loca  hasta que consiguió que me cansase, y le dije, que hiciera lo que le diera la gana, pero que me dejase tranquilo.
El tercero, se queda cabizbajo y en silencio mirando a su copa, hasta que los otros dos amigos intrigados, le preguntan:
¿Y tú, no tienes problemas de autoridad con tu mujer?
- Bueno, veréis... anoche le dije a mi mujer, que en la casa yo era el máximo responsable y por supuesto, quien mandaba.
¡¡¡No acepto!!! ¿Verdad?
- Al principio, ella no se mostró muy conforme, pero pasada media hora, ya la tenía caminando a gatas por toda la casa.
Los otros dos amigos estaban alucinando en colores y preguntan:
¿A gatas? ¡Qué cabronazo estas hecho! ¿Cómo lo hiciste? Pero… ¿Y entonces... qué pasó después?


- Bueno... entonces, ella gritó cabreada y como poseída... ¡Sal de debajo de la cama y pelea como un hombre, so pedazo de mamón!


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