sábado, 27 de septiembre de 2014

La maldición del 7

Esto era un hombre, que estaba en la barra de un bar, tomando una cerveza muy serio, cabizbajo, andrajoso y rascándose la cabeza preocupado.
Llegó su compadre, -que hacía años que no lo veía-, y le dijo:
- ¡¡¡Cuánto tiempo sin verte compadre!!! ¿Compadre, que te pasa que estas tan desmejorado?
El hombre mira a su compadre y le dice:

La maldición del 7
- ¿Que qué me pasa? ¡¡¡Que me persigue la maldición del 7,  coño!!!
El compadre que no entiende, insiste y le pregunta:
- ¿Cómo? ¿Qué te persigue la maldición del 7?
El hombre preocupado le dice:
- ¡¡¡Coño, lo que oyes!!! ¡¡¡Que me persigue, la maldición del 7!!!
El compadre, incrédulamente le vuelve a preguntar:
- ¿Qué te persigue la maldición del 7? ¿Y eso cómo es, compadre?
El hombre toma aire, y comienza a explicarle al compadre, su vivencia con el número 7…
- ¿Qué eso cómo es? ¿Qué eso cómo es? Espera que te explique compadre…
Mira la matricula de mi coche, 7777-GGG. La letra G es la séptima del abecedario.
Mira mi DNI 77.777.777-G. Nací el 7 del 7 del 77.
En mi familia somos siete hermanos y yo soy el número 7.
Me case a los siete años de noviazgo.
He tenido 7 hijos.
Vivo en el bloque número 7, portal 7, planta 7ª puerta G.
Me levanto todos los días a las siete de la mañana, para ir a trabajar a la empresa de lejías, “Los tres sietes”.
Un día, salgo de trabajar a las siete de la tarde, me encuentro al de los cupones en la parada del 7 y le digo… ¡dame el resto!
Total, que solo le quedaban siete cupones del siete, y me los dió.
Me tocaron ese día 77 millones de euros.
Con el dinero, me compré una parcela de la que estaba enamorado desde siempre, con 7.777 metros cuadrados de parcela, con un chalet construido de 777 metros cuadrados, 7 metros de altura, que tenía 7 habitaciones y siete cuartos de baño.
También tenía, una gran piscina de 7x7 metros y siete trasteros.
Un día de julio, llegó un hombre interesado en comprármela, total, que le dije que no la vendía.
Él hombre insistió durante mucho tiempo, y entre el sí, y el no, termine vendiéndosela, y le he ganado en siete meses, siete veces lo que me costó la parcela.
Total, que viendo que me encontraba en racha con el siete, me fui al hipódromo, y aposté todo el dinero que tenia, al caballo número siete.
El compadre -todo intrigado- le dice:
- ¿Y ganó el caballo, compadre?
El hombre exclama enfadado:

- ¡¡¡Que va, llegó el séptimo el hijo de put…!!!

La maldición del 7

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HLR