lunes, 23 de septiembre de 2013

El vasco y la bolsa de agua caliente

Un euskaldun (hablante del euskera) que vivía en un baserri (caserío) en la ladera de un mendi (monte) llega a la tienda del herri (pueblo) en un crudo día de invierno, con una tremenda helada y un frío que ya te podrías reír tú del frío de Siberia.
-¡Aúpa Joseba! -le dice al dueño de la tienda- quiero que me vendas, una de esas bolsas de goma que se le pone agua caliente dentro, para calentar la cama y tener los pies calientes.
-Ay va la ostia Patxi, ¡qué mala suerte joder!, justamente esta mañana le vendí la última a Izaskun, la del baserri Maitetxu.
Patxi, cabreado, le dice: 
- ¿Y qué hago yo ahora, con el frío que hace por la gau (noche)?
Joseba tira de inventiva y le dice...
-¡Coño! No te preocupes hombre, remedio hay para todo menos para la muerte, yo te presto mi katu (gato).
Patxi no sale de su asombro y contesta...
-¡¡¡Ay va la hostia Joseba!!! ¿Qué me estás contando? ¿Tu gato? ¿Seguro que me valdrá para este frío?
Joseba muy tranquilamente, le explica que hacer con el gato...
-Mira Patxi, tú hazme caso, mi gato es gordito, por la noche, te lo colocas en los pies dentro de la cama, y verás que calorcito te da toda la noche. Llegado el martes, ya tendré más bolsas de esas, vienes a por una y me devuelves el gato.
Patxi se despide de Joseba...
-Bueno, está bien. Eskerrik asko (gracias) Joseba.
Patxi coge el gato y se dirige a su caserío.
-Agur (adiós) Patxi.
Al día siguiente, (furioso como un demonio) aparece Patxi en la tienda de Joseba con la cara desfigurada por los arañazos del gato.

El vasco y la bolsa de agua caliente

-¡¡¡JOSEBAAA!!! ¡¡Me cago en la puta joder!! Vengo a devolverte este gato de mierda y te lo puedes meter por el culo si quieres.
¡¡Mira cómo me ha puesto la cara el cabrón del gato!!
Joseba no puede creer lo que está viendo y dice...
-Pero coño Patxi, ¿Qué ha pasado pues? Si mi gato es de lo más manso que hay.
-¿Manso?... ¡¡¡La madre que lo parió al puto gato!!! Cuando le metí el embudo en el culo lo aguantó bien, pero… cuando empecé a echarle el agua hirviendo, ahí, ahí... no veas cómo se puso el hijo de puta gato.

El vasco y la bolsa de agua caliente

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