jueves, 5 de diciembre de 2013

Un loro Celestina

En una aldea gallega, un loro yaco con la cola de color rojo vivo, entra volando en la casa de un muchacho de 20 años, campesino, con cuerpo escultural y que vive solo. Vuela por la casa, se posa en su hombro, y le dice:
-Si me das 20 pipas ahora y 20 después, cabrón, te consigo una ardiente y bella mujer, para que hagas el amor con ella.
-¿Estas de broma, loro mamón?
-¡No! Yo sé perfectamente, cuando tienen ganas de tener sexo las guarrillas, puedo olerlas.
El joven acepta, le da las 20 pipas al loro, el loro se las come rápidamente, y después le dice el joven.

Un loro Celestina

-Venga, vete a buscar a esa bella mujer. ¡Estoy impaciente!
El loro se va volando, se posa en la valla del huerto del joven, y al rato, pasa una veinteañera por su lado, y le dice:
-¿Quieres echar un buen polvo Carmina?
-¡¡A tu madre, le vas a echar un polvo, puto loro!!
-¡No te pongas así, bonita!  Yo sólo repito, lo que me dijo el Antonio, que te dijera al pasar.  Por cierto… dijo que estas tan buena, y que le gustan tanto tus tetas, que te echaría cinco o seis buenos polvos, sin sacarla siquiera. ¡¡Yo creo que exagera!!
La muchacha, ruborizada y enojada por lo que acaba de escuchar, llama a la puerta de la casa de Antonio.
Este, abre la puerta con el torso descubierto, enseñando su firme musculatura, de joven campesino, curtido en el duro quehacer del campo.
-¿Qué quieres Carmina? Te noto muy alterada.
-¿Le mandaste tú al loro, decir las tonterías que me dijo?
Piénsate bien lo que respondes Antonio,  ya sabes que mi marido, es Manolo, el capador de animales.
-¡¿Yo?!  Es él, el loro, dice que nota cuando una mujer, tiene ganas de tener sexo con hombres… que él las huele.
-¿Tengo yo, cara de pasar necesidades sexuales? ¿O de oler a caliente?
-¡Yo qué sé Carmina! Ahora bien… una cosa es cierta, aún siendo la mujer del capador de la aldea, si tú tuvieras ganas de sexo, te echaba media docena sin sacarla siquiera. ¡Me tienes loco!
Carmina, viendo que el joven está buenísimo, y que lleva meses a pan y agua, se mete corriendo en casa de Antonio y sale dos horas más tarde, cantando, y totalmente satisfecha.
Entonces entra el loro y le dice al joven:
-Llegó la hora de mis otras 20 pipas, cabrón.
Antonio le da las gracias, las pipas acordadas, y le dice:
-¿Quién coño te enseñó a decir cabrón?
-A ti que mierda te importa, cabrón.
Al día siguiente, aparece de nuevo el loro, y Antonio le dice al verlo:
-Hoy quiero que me traigas, a una mujer que sea especial.
-Como tú digas, cabrón… pero hoy serán, el doble de pipas.
-Vale, dijo Antonio.
Poco después llaman a la puerta, Antonio abre de nuevo a torso descubierto, y en la puerta está Ambrosia, una vieja jorobada, fea como un demonio, tuerta, coja, y que le dice con ímpetu:
-Tira pa dentro guapetón, si no quieres que Manolo el capador, sepa que ayer te tiraste a su mujer.
Tres horas más tarde, sale la vieja con una sonrisa de oreja a oreja, el loro se posa en su hombro, y le dice:

Un loro Celestina

-Ambrosia… ¿Me tienes las pipas preparadas?

- Las tengo, cabrón.

Un loro Celestina

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