viernes, 31 de enero de 2014

El matrimonio y la viudedad del marido

Un matrimonio con bastantes años de convivencia en común, está en la cama de su habitación y de repente, la mujer le pregunta con mucha dulzura al marido:  
- Paco... Cariño, ¿Te puedo hacer una pregunta?
- Dime Ana... cielo mío.
- ¿Tú me quieres?
- ¡Claro que sí... mucho, mucho!
- Y... ¿Tú qué harías si yo muriese?

- Ana... Pues... No sé. ¿Por qué me preguntas eso ahora?
- ¿Te volverías a casar? Dímelo sin tapujos Paco.
- No, en absoluto. Pero... ¿Cómo puedes pensar eso de mi?
- Entonces... ¿Es que no te gusta estar casado conmigo?
- Sí... me gusta, pero...
- ¡¡¡Entonces, dime!!!... ¿Por qué no te volverías a casar?
- Pues... Bueno, vale, lo reconozco, probablemente volvería a casarme. Está bien, seguramente volvería a casarme. ¡Sin duda volvería a casarme!
- ¡¡¡Aja, lo sabia!!! -expresa la mujer con cara de herida en su más profundo amor propio-. ¡¡No podía fallarme mi instinto femenino!! Y... ¿Vivirías con ella en nuestra casa, verdad?
- Bueno, a menos que ella tuviese otra mucho mejor que esta, creo que sí. Viviría con ella aquí, en nuestra casa.
La mujer, con una cara de rabia y fastidio que era imposible ocultar, le pregunta:
- Y... ¿Dormirías con ella... en esta, nuestra cama?

El matrimonio y la viudedad del marido

- Pero... Ana, ¿Qué te pasa? Pues claro que sí, me imagino, que si viviese en esta casa, dormiría en esta cama, sí, lo reconozco, lo haría sin duda.
Ya picada en lo más profundo de su ser, la mujer le sigue preguntando al marido.
- ¿Y tú dejarías que se vistiese con mis ropas?
- No sé Ana, si ella quisiese, le gustasen, y le quedasen bien... ¿Por qué no? Muerta tú, no podrás usarlas así que... ¿Que más te da?
Ya muy cabreada, la mujer continúa con el interrogatorio diciéndole al marido:
- Vaya, vaya, ya voy despejando mis dudas. ¿Y cambiarías todas mis fotos contigo, por fotos suyas contigo?
- Francamente, si me caso después de que tú mueras, creo que sería lo más apropiado. ¿No crees tú también?
Saliendo de la cama, mientras le apunta amenazadoramente con el dedo, la mujer le dice al marido:
-¡¡¡Y supongo, vamos estoy segura!!! Que... tú le dejarías usar mis palos de golf. ¿Verdad que sí?

El matrimonio y la viudedad del marido

- ¡¡¡Ah no, eso sí que no... Por ahí sí que no paso!!! No porque... ¡¡¡Ella es zurda!!!

El matrimonio y la viudedad del marido

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HLR